Minibarco y minigolf

Los profesores llegamos los lunes expectantes (no todos los lunes, no conviene exagerar) pero desde luego sí que estos lunes de intercambio. Cada cual hace un resumen de no más de diez frases de en qué a consistido su fin de semana. Y nosotros, prudentes, nos conformamos.

Parece que el fin de semana fue bien. Mucha agua, mucha actividad y paseos familiares. Todo el mundo parece haberse adaptado a su familia de acogida y no parece que haya grandes cuestiones que resolver. Este año las excursiones han sido cercanas, quizás lo más apartado haya sido un parque de atracciones que al decir de alguno debía estar como Salamanca de Madrid y la ciudad de Colonia.

img_6529Quedamos cada cual en su escuela de la mano de su correspondiente. Esta tarea aparentemente fácil siempre se complica tontamente. Una correspondiente que se lleva a su española a una clase de más, otra que no llega a la hora o entra tarde, otra que no sabe qué tiene que hacer. Nosostros tampoco ayudamos mucho, porque la mayor parte hacemos de maleta muy bien y nos dejamos llevar con soltura sin grandes problemas. En definitiva, todos reunidos en la Konnigsplatz a la postre para bajar a la Fulda y su parque-jardines-bosque-selva o qué sé yo cómo llamarlo porque las palabras que describen masas de vegetación aquí no significan lo mismo.

Allí pasamos buena parte de la mañana y almorzamos. Jugamos al minigolf en equipos binacionales en los que la parte alemana nos explicaba la mecánica del juego. No creemos – como espectadores – que aquello terminara de estar explicado correctamente pero todo el mundo estuvo entretenido hasta la hora del almuerzo. Entonces buscamos la sombra pues el sol calentaba inmisericorde y dejamos pasar el tiempo (algunos somos maestros de esto).

img_6543Tras los golfes y los almuerzos tomamos un autobús que nos llevó paseo adelante hasta el embarcadero. Allí bajo el sol de justicia de Kassel que está empezando a cobrar tintes legendarios paseamos durante dos horas por la Fulda como antaño hicieran tantas y tantas barcazas de las que hicieron de esta ciudad un centro industrial de primer orden. Hoy el paseo tiene poco de industrial y es más bien bucólico. El río se adentra en el campo o el campo en el río…, que uno nunca sabe y a lo largo de los sotos podemos ver primero casoplones al borde del río, luego campos y algún pueblo coqueto y todo un catálogo de aves cuyos nombres nuestra incompetencia en biología no nos permite aventurar.img_6581

El calor era más que notable, hacer un poco “el titanic” en la proa (la parte romántica y más petarda de la historia a Dios gracias) y buscar sombras y corrientes favorables ayudó un poco a mitigar la calorina. A las cuatro y tantas habíamos pasado esclusas, surcado ríos y conversado lo suficiente sobre los aguas como para dar por cuncluido el paseo.

Tras las admoniciones cotidianas – qué hacer el día siguiente, tened cuidado ahí fuera y cosas por el estilo – nos despedimos hasta el martes (día de las matemáticas en este intercambio)